Por: Adriana Ruiz-Restrepo
Como la basura se volvió un gran negocio, el país ha terminado haciendo todo lo posible para sacar a los recicladores de él. La Corte por suerte salió a defenderlos.
Tanto será lo que creemos en “el mercado” que buscamos una orden judicial para que no se excluya a “los pobres” de él. Armamos un caso para que la Corte Constitucional considerara ordenarle al Estado Colombiano incluir a los recicladores de basurero y calle en la economía formal del aseo.
Por discriminaciones históricas, desplazamiento o desempleo, muchos colombianos llevan rebuscándose su vida y la de sus hijos en nuestra basura y, de paso, inventándose el reciclaje en este país. Como el aseo no es un mercado privado -como el de quien negocia con bluyines o empanadas- sino un mercado privatizado que el propio Estado define, delimita y adjudica a operadores privados, pensamos que la inclusión sería fácil.
Pues no. Resulta que la basura es ahora reciclable y por tanto un creciente y millonario negocio que transa y convierte residuos en materia prima para la industria. Así que el desafío en los últimos años ha sido impedir que a los recicladores les quiten la basura.
Con o sin intención, tres nuevas decisiones públicas volvieron a cortar el acceso. De un lado, la Ley 1259/08 obliga a la policía a imponer un comparendo/sanción a quien abra un basurero en espacio público y extraiga algo de basura. Del otro, los recicladores de Cali se quedaron sin acceso a la basura del botadero de Navarro que, la CVC y la Alcaldía, tranquilamente cerraron sin pensar en ofrecerle a los recicladores que ahí vivían y trabajaban medidas alternativas para su subsistencia.
Para rematar, desapareció también toda posibilidad de que los recicladores o sus cooperativas pudieran formar empresas de la basura, porque el gobierno nacional -obrando a título de interventor de Emsirva y a través de la Superintendencia de Servicios Públicos- estructuró y adjudicó toda la operación del aseo de Cali -incluidas las futuras rutas selectivas de reciclaje- sin considerar la jurisprudencia, la voluntad de los caleños o el impacto desproporcionado que tendría la privatización, hasta del reciclaje, en la supervivencia de los recicladores que se quedarían así sin acceso a la basura de la que depende sus vidas.
CiViSOL, la organización que fundé con varios amigos para buscar un cambio sistémico, empaquetó y estructuró todos los argumentos en un solo gran caso que perderíamos miserablemente o ganaríamos contundentemente. Por suerte, pasó lo segundo...
Más información www.carlosvicentederoux.org
Pues no. Resulta que la basura es ahora reciclable y por tanto un creciente y millonario negocio que transa y convierte residuos en materia prima para la industria. Así que el desafío en los últimos años ha sido impedir que a los recicladores les quiten la basura.
Con o sin intención, tres nuevas decisiones públicas volvieron a cortar el acceso. De un lado, la Ley 1259/08 obliga a la policía a imponer un comparendo/sanción a quien abra un basurero en espacio público y extraiga algo de basura. Del otro, los recicladores de Cali se quedaron sin acceso a la basura del botadero de Navarro que, la CVC y la Alcaldía, tranquilamente cerraron sin pensar en ofrecerle a los recicladores que ahí vivían y trabajaban medidas alternativas para su subsistencia.
Para rematar, desapareció también toda posibilidad de que los recicladores o sus cooperativas pudieran formar empresas de la basura, porque el gobierno nacional -obrando a título de interventor de Emsirva y a través de la Superintendencia de Servicios Públicos- estructuró y adjudicó toda la operación del aseo de Cali -incluidas las futuras rutas selectivas de reciclaje- sin considerar la jurisprudencia, la voluntad de los caleños o el impacto desproporcionado que tendría la privatización, hasta del reciclaje, en la supervivencia de los recicladores que se quedarían así sin acceso a la basura de la que depende sus vidas.
CiViSOL, la organización que fundé con varios amigos para buscar un cambio sistémico, empaquetó y estructuró todos los argumentos en un solo gran caso que perderíamos miserablemente o ganaríamos contundentemente. Por suerte, pasó lo segundo...
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